Thursday, April 28, 2005

Asi no hay quien viva

Aqui no hay quien viva tenía una frescura que se ha perdido. ayer, creo que por vez primera, pensé en la serie una vez terminado el capítulo. (No pasó nada, mauri se quedó con fernando, lucía con carlos,...)Pensé en ella y me di cuenta de que lo había perdido todo.a bese de retorcer las historias entre los personajes han conseguido una endogamia sosa que solo se justifica ante los eruditos conocedores de los avatares pasados de cada uno de ellos. No pasa nada interesante, y lo único que nos sujeta ante la pantalla es que estamos viendo a gente que ya conocemos. Lo mismo que en un culebrón venezolano, tan criticado.
Te agradezco el sacrificio de ayer. Te agradezco el estoicismo con que soportaste las evoluciones sin gracia de los personajes que para ti no significan nada. El haber perdido una (otra) ocasión de hablar de todas esas cosas intersantes que siempre se quedan en el tintero, aunque las comentemos de soslayo a la menor ocasión esperando que llegue un momento propicio para profundizar en ellas. Ayer era el momento propicio y lo dejamos escapar porque yo lo quise y tu lo toleraste. Te doy las gracias por la amabilidad.No me siento culpable, algo es algo, pero si agradecido. Por eso agradezco y pienso en cuantas veces la rutina nos enajena el espíritu crítico y nos hace tragar cosas que sabíamos buenas antes pero hace mucho tiempo no revisamos. Mata nuestra atención, nos cambia, sin sentir, el agua que navegábamos por ríos de mierda, y no nos damos cuenta de ello hasta que sucede algo -como ayer- que nos sacude y nos muestra lo estúpido de una manía adquirida y no cuestionada. Nos quita la consciencia del cambio, del libre albedrío. Hay que estar muy atentos porque a la mínima ocasión se instalará en nuestra vida y nos hará peores, independientemente de si lo que consumimos ha cambiado o no su calidad. Hay que estar atentos. Hay que distinguir continuamente y no perder la capacidad de discernimiento.
Porque ayer vi el episodio desde fuera me di cuenta de que había cambiado. Porque estabas tu lo vi desde fuera, así que también te agradezco que me devolvieras la lucidez sobre este particular.
Pienso que esto que digo de la serie es aplicable al resto de nuestra vida, aunque sea a costa de perder algo de estabilidad.Así el trabajo, las amistades, los bares que frecuentamos, la música que escuchamos y tantas y tantas cosas que habitualmente conforman nuestro tiempo sin que las revisemos, deberían pasar bajo el microscopio de vez en cuando, en lugar de convertirse en totems intocables por encima del bien y del mal.Porque nada está por encima de eso, y desde luego nada debería estar por encima de nuestra capacidad de elección, si somos personas.
Quizá, si aplicaramos este sencillo principio de manera habitual, aqui, finalmente, podría vivir alguien.

Friday, April 15, 2005

DEFLAGRACIÓN (Otro fantasma menos)

Ójala se me fuera dado el ser yo quien abriera las puertas a la Luz.
Óala fuera yo quien muriera abrasado por su aire. Pulverizado por su aire caliente.
Ójala mis cenizas fueran dispersadas hasta el olvido y lo ocuparan todo sin estar.
Ser respirado. Ocupar todos los pechos y ningún cerebro.
Vivir caliente y muerto, morir caliente y vivo por haber muerto viviendo. Abriéndo las puertas a la Luz

Tuesday, April 12, 2005

exorcismo

Una niña, en Nigeria, se queja de dolores internos. Le duele el vientre, le duelen las mamas, le duele el cuello y los riñones. No hay duda, está poseída –dice el gurú-, hay que exorcizarla, quitarle el mal. Se hará mañana.
Por la noche la niña no come, no duerme y solo la dedica a practicar ejercicios purificadores. Hasta el alba.
La lleva la familia a casa del brujo. Pasan por delante del misionero que ha aprendido a quedarse al margen en estas cuestiones.
La bañan en una solución de aceite y tierra. La embadurnan completa y la asperjan de agua. El hisopo utilizado está hecho de raíces. Los dolores no se van.
A una señal del hechicero los familiares se abalanzan sobre ella. La abrazan, la aplastan, la oprimen cada parte de su cuerpo. Los gritos de la niña alertan al resto del poblado que se acerca a la cabaña. Todos colaboran. Se forma una piña humana encima de la niña que sigue gritando, cada vez más débil.
Luego, de repente, deja de gritar. Solo gime muy quedamente. El mal, el diablo, han salido de su cuerpo. Todos se apartan de ella.
Entre sus piernas hay un bebé recién nacido. Pequeñísimo. También llora, como su madre. Ambos viven y ambos están a punto de morir.
Y lo peor de todo es que esta historia ha sucedido en realidad. Hace pocas semanas. En este, nuestro mundo.
Ahora la niña y su hijo viven en el poblado. El misionero ha prometido que se ocupará de su educación.Sic transit gloria mundi.

Monday, April 04, 2005

humanos, el Papa ha muerto. Estad atentos

Humanos, el papa ha muerto

No es cosa de poco, es algo grave, o cuando menos grande, y el personaje, que en este caso puede más que la persona, merece toda nuestra atención.
Pero no todo nuestro tiempo. No todo lo que somos.
Se reflejan en estos casos de sucesos importantes la convulsión de nuestro tiempo, la falta de criterio y de proporción que asola a nuestra sociedad y a nosotros mismos.
Todo nos duele poco, parece, vivimos despegados de lo ajeno a no ser que sea muy cercano a nuestra vida cotidiana.
Es claro que somos el centro de nuestra vida, y los añadidos son importantes en la medida en que estén cerca y nos afecten. Quizá siempre haya sido así, pero nunca hasta ahora nuestra coraza aislante de lo exterior ha sido tan gruesa.
Y sudece un fenómeno que es causa y efecto a la vez: la saturación mediática.
Vivimos en la era de la información. La comunicación nunca ha sido tan rápida y eficiente. Los datos fluyen instantáneamente y como fluido que son nos pueden ahogar, o podemos navegar por su superficie sin ser salpicados por ellos. La conmoción es cada vez más difícil de lograr.
Los medios tienden a sobrevivir, como cualquier ente vivo, y la manera que tienen de hacerlo en este sistema capitalizado es acaparar clientes. Los clientes para los media no son sino anunciantes, que sufragan los gastos de existencia de las empresas informativas a cambio de tener un altavoz que usar para anunciar sus productos.
No es ni más ni menos que eso.
Por eso la carrera de los medios por interesar al público, porque quien tenga más audiencia tendrá más anunciantes o espacio más caros en su programación. Porque quien tenga el oído del espectador venderá mejor sus productos. Los fabricantes sus artículos, los medios sus espacios.
Le reacción de nosotros los humanos no puede ser otra que el aislamiento. Debemos protegernos y poner distancia entre nosotros y los estímulos si no queremos volvernos locos o desaparecer cerebralmente, así, el escepticismo y la falta de interés crece en nosotros de manera natural. Hasta llegar a deshumaizarnos.
Y todo es publicidad.
Pero claro, no todo es publicidad, y si queremos saber qué pasa en el mundo debemos estar conectados a los medios que nos lo cuentan. Sucede entonces que la información que nos remiten debe ser lo suficientemente vasta y repetitiva como para perforar nuestra coraza, porque lo que no se nos dice muchas veces no lo percibimos en el maremagno informativo, desaparece sin ser reconocido y simplemente no existe. Hay que repetir las cosas cientos de veces, la misma cosa de cientos de maneras. Y claro, llega la saturación.
Duele pensar que tras la cifra de muertos en accidente por el tráfico de Semana Santa, el tsunami de Indonesia, o la muerte del Papa no hay sino interés en que compremos tal coche o cual bayeta superabsorvente. Todo ese despliegue material y humano tan solo por hacerse con una cifra superior a la de la competencia en el Share de turno o en el estudio del E.G.M. Nos rebelamos ante esa idea, pero la realidad nos hace constatar que es cierta. ¿O alguien se acuerda de los datos de Semana Santa al término de esta?
Este fin de semana hemos asistido, una vez más, a este circo mediático que termina por dejar de ver el objeto de la información, la noticia. Así, vemos reportajes prefabricados repetidos textualmente en distintas cadenas de televisión, cambiando solamente –por aquello del disimulo- la voz del locutor. Vemos semblanzas humanas del Sumo Pontífice en los tiempos en que no lo era, sino un curilla polaco aficionado al teatro. Pero quien murió este fin de semana fue el Papa, nada menos...nada más.
Y todos los accesorios tienen una importancia inexistente, de relleno. Conferida tan solo en aras de mantener la cuota de pantalla, prescindible y olvidada en cuanto pasemos de esta a otra noticia cualquiera.
Es exactamente lo mismo que sucede con la publicidad. Es exactamente lo mismo que sucede con un modelo de coche cuando sale al mercado el que lo sustituye. Solo unos pocos nostálgicos se acordarán del primero.
Sería curioso este fenómeno, solo curioso, si no redundara directamente en la sociedad agravando la falta de conciencia de lo importante, agravando el egoísmo, el aislamiento, la falta de emotividad real –agotándola, de tanto forzarla-. Cada vez nos cuesta más discernir lo que es realmente importante, y de seguir así, pronto lo sabremos solo si nos lo repiten “ad infinitum”. Perderemos la consciencia en primera instancia y la conciencia inmediatamente después. Se verán sustituidas por la repetición. Nuestra voz interior, la que describe nuestro mundo, será pronto la de una caja catódica que verá en nosotros clientes, consumidores, números...nunca personas.
El Papa ha muerto. Descanse en paz.