Thursday, September 28, 2006

QUERIDOS HUMANISTAS:

Humanistas del mundo, uníos. No tenéis que perder más que vuestras fachadas.
Me gusta veros, con el gorro calado hasta las cejas y las guedejas que nunca clarean sobresaliendo por sus flecos. Me gusta veros sonriendo, satisfechos de vosotros mismos sin apreciar que, en el fondo, vuestras panzas aumentan y vuestros dientes cada vez son menos blancos, igual que el alma.
Sois, queridos humanistas, la razón pura sin crítica, o con crítica críptica que nadie reconoce; y es porque, en el fondo, nadie os toma demasiado en serio. Creo, honestamente, que vosotros mismos tampoco. Pero os gustais, y a mi veros.
Revelais la imagen de un mundo mejor: el que nace y crece en vuestra sesera sin contaminarse con nada de la realidad que todo lo ensucia. Diréis que si, que sois del mundo y estais en el mundo, pero no es cierto. Solo la parte del mundo ideal y aceptable os es próxima. El resto...bueno, no existe, o no demasiado.
Me caeis muy bien, en serio. Tanto maniqueísmo me explica al fin el por qué de las cosas. de cada cosa sin discriminar entre ellas.
Así, uno me explicará por qué el cayuquero llega a tierra sonriente y extenuado, confiado plenamente en su camiseta de barcelona, como si esa fuera una patente de corso que le abrirá todas las puertas y le procurará una racón doble de mantas y un buen trabajo cuando llegue aqui. Todos aqui, es sabido -es sabido allí- somos del barcelona, así que si llevas una camiseta suya la llevas de nosotros. Serás de nuestro equipo y no dejaremos que te pase nada malo. Y el marinero de urgencia velará su camiseta la noche antes de embarcar como hizo don quijote con sus armas de madera y hojalata. Bien visto, humanista, ¿y? ¿qué hacemos con eso?
Otro me explicará las razones que corren o cojean en la sesera de algún mandatario universal o doméstico mientras mantiene la intención de tirarse a mi novia, o a mi mismo. Desplegará toda la sensibilidad habida en el mundo concentrada en pildorillas contra la maldad cósmica y no hará la compra, ni tirará la basura, ni dará más palo al agua que el de hacerse notar de vez en cuando proclamando que la paz es un invento de la coca-cola. Muy bien, humanista mío ¿y? ¿qué hacemos con eso?
Os diré, queridos humanistas, que aunque me caeis muy bien me teneis un pelín harto. Pienso ahora que lo vuestro es solo pose sustentada por cierta cultura -en algunos casos vasta- y muy buenas intenciones. Comprendo, y me gusta, que es una manera que teneis de soportar la vida sin mancharos con ella; de estar dentro pero estar fuera a la vez; comprendo que os sirve de entretenimiento y de consuelo y que, en los casos más disparatados, incluso creeis en lo que decís, pero por favor, por amor de Dios, haced el favor de iros a vomitar a vuestra propia letrina. solo teneis que juntar unos ladrillos y me aliviareis de la pesada carga de aguantaros.
Gracias.