PENSAMIENTO DE SIR KAY
Nadie sabe si existió de verdad Arturo, o es la mitología inglesa quien atribuye a algún caudill0 bretón los atributos mitológicos de este. no importa.
existe la mitología, y de ella aprendemos. tampoco Ulises, o Aquiles, o tan siquiera Herodoto existieron a ciencia cierta, pero de ellos aprendemos.
Exidten las Crónicas Artúricas, y el Caballero Lancelot (antes Sir Galahad), y un sinfín de situaciones caballerescas que fueron inventadas, o no, con ánimo de enseñar y difundir unos valores, que cada día son más caricaturizados por la realidad, pero son bonitos.
Destaco a propósito y a quien corresponda, el pensamiento de Sir Kay, en conversación con Lancelot sobre el número. Ese que ahora rige los desiginio de la historia actual y la puebla de mezquindades y motiva la mayorá de las acciones de nuestros vecinos y aun nuestros gobernantes. Otra ficción que actua.
Jhon Steimbeck tradujo y acutualizó lo que de las Crónicas Artúricas quiso y le pareció conveniente. Así, en un pasaje, Sir Lancelote del Lago le preguntó a Sir Kay, a la sazón hemanastro de Arturo, que había combatido junto al Rey en los primeros tiempos de pacificación del reino, qué había sido de su reconocido arrojo de los primeros tiempos.
Arturo pagó a su hermano de leche proclamando su gloria y otorgándole el cargo de Senescal de palacio -algo así como un encargado de aprovisionamiento-. Regalo envenenado le hizo el Rey a u amado, pues a fuerza de lidiar con las existencias y las cuentas claras, vio empañado su coraje y dormida su valía como caballero hasta el punto de convertirse en el hazmereír de las nuevas generaciones de caballeros que solo sabían de sus hazañas por oídas, y las confundían con leyendas de viejas. La juventud, ya se sabe.
Así, Lancelot le pregunta al patético Sir kay por su heroísmo pasado. Esto responde:
"Una piedra de granito, capaz de quebrar un martillo por su dureza, puede ser desgastada por la erosión de minúsculos granos de arena. Un corazón capaz de afrontar los golpes más adversos del destino, puede ser erosionado por los pinchazos de los números, el acecho de la pequeñez, de la importante pequeñez. A los hombres podía combatirlos, pero los ejércitos de cifras que avanzaban por la página me derrotaron. (...) ¡Si no hubiéra sido senescal!
Para ti una fiesta es festiva, para mi es un libro de hormigas voraces. Tantas ovejas, tanto pan, tantos odres de vino...(...) Para ti una guerra es un combate, para mi son tantas varas de fresno para hacer las lanzas, contar la tiendas, tantas hastas de acero, contar hogazas de pan...
Dicen que los paganos inventaron el número que equivale a nada, a un no, que se escribe como una O, una oquedad, un olvido. Podría coserme esa nada al pecho. ¿viste alguna vez a un hombre dedicado a los números que no se volviera bajo, mezquino, temeroso, con toda su grandeza carcomida por pequeñas cifras, así como las hormigas pueden comerse a un dragón muy de apoco y dejarlo en un hato de huesos? Los hombres pueden ser grandes y además falibles...pero los números no fallan nunca. Supongo que es su rectitud implacable, su infalible, sucia ky mezquina rectitud lo que nos destruye...burlones y tenaces, nos roen con sus ínfimos dientes hasta que de un hombre no queda más que un picadillo de terrores."
Quizá fuera así, o quizá se inventó, o quizá fue Steimbeck quien parió esas palabras. No importa. Las hago mías y de ella aprendo y extraigo mis conclusiones y las aplico al mundo que vivimos. Verba volant.
existe la mitología, y de ella aprendemos. tampoco Ulises, o Aquiles, o tan siquiera Herodoto existieron a ciencia cierta, pero de ellos aprendemos.
Exidten las Crónicas Artúricas, y el Caballero Lancelot (antes Sir Galahad), y un sinfín de situaciones caballerescas que fueron inventadas, o no, con ánimo de enseñar y difundir unos valores, que cada día son más caricaturizados por la realidad, pero son bonitos.
Destaco a propósito y a quien corresponda, el pensamiento de Sir Kay, en conversación con Lancelot sobre el número. Ese que ahora rige los desiginio de la historia actual y la puebla de mezquindades y motiva la mayorá de las acciones de nuestros vecinos y aun nuestros gobernantes. Otra ficción que actua.
Jhon Steimbeck tradujo y acutualizó lo que de las Crónicas Artúricas quiso y le pareció conveniente. Así, en un pasaje, Sir Lancelote del Lago le preguntó a Sir Kay, a la sazón hemanastro de Arturo, que había combatido junto al Rey en los primeros tiempos de pacificación del reino, qué había sido de su reconocido arrojo de los primeros tiempos.
Arturo pagó a su hermano de leche proclamando su gloria y otorgándole el cargo de Senescal de palacio -algo así como un encargado de aprovisionamiento-. Regalo envenenado le hizo el Rey a u amado, pues a fuerza de lidiar con las existencias y las cuentas claras, vio empañado su coraje y dormida su valía como caballero hasta el punto de convertirse en el hazmereír de las nuevas generaciones de caballeros que solo sabían de sus hazañas por oídas, y las confundían con leyendas de viejas. La juventud, ya se sabe.
Así, Lancelot le pregunta al patético Sir kay por su heroísmo pasado. Esto responde:
"Una piedra de granito, capaz de quebrar un martillo por su dureza, puede ser desgastada por la erosión de minúsculos granos de arena. Un corazón capaz de afrontar los golpes más adversos del destino, puede ser erosionado por los pinchazos de los números, el acecho de la pequeñez, de la importante pequeñez. A los hombres podía combatirlos, pero los ejércitos de cifras que avanzaban por la página me derrotaron. (...) ¡Si no hubiéra sido senescal!
Para ti una fiesta es festiva, para mi es un libro de hormigas voraces. Tantas ovejas, tanto pan, tantos odres de vino...(...) Para ti una guerra es un combate, para mi son tantas varas de fresno para hacer las lanzas, contar la tiendas, tantas hastas de acero, contar hogazas de pan...
Dicen que los paganos inventaron el número que equivale a nada, a un no, que se escribe como una O, una oquedad, un olvido. Podría coserme esa nada al pecho. ¿viste alguna vez a un hombre dedicado a los números que no se volviera bajo, mezquino, temeroso, con toda su grandeza carcomida por pequeñas cifras, así como las hormigas pueden comerse a un dragón muy de apoco y dejarlo en un hato de huesos? Los hombres pueden ser grandes y además falibles...pero los números no fallan nunca. Supongo que es su rectitud implacable, su infalible, sucia ky mezquina rectitud lo que nos destruye...burlones y tenaces, nos roen con sus ínfimos dientes hasta que de un hombre no queda más que un picadillo de terrores."
Quizá fuera así, o quizá se inventó, o quizá fue Steimbeck quien parió esas palabras. No importa. Las hago mías y de ella aprendo y extraigo mis conclusiones y las aplico al mundo que vivimos. Verba volant.

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