Friday, July 22, 2005

El día en que las motos volaban

El día en que las motos volaban.

Volaban, lo juro. No se posaban en el suelo mas que cuando se les antojaba. A ellas. A ellas y sus pilotos.
El "Red Bull Cross Figthers" es un espectáculo total. Nada mas que un espectáculo, nada menos.

A un servidor le encanta la comida basura, la golosina. Tan denostada en nuestros días, la comida basura es rica, vistosa y de facil consumo. No es “dieta mediterránea”, ni se preocupa del hierro o las vitaminas que contenga; pero satisface el primario instinto de disfrute sin complicación. Comida juguete, comida diversión.

Ayer, día 21 de julio, la plaza de las Ventas se convirtió en una lata de Red Bull. Juegos de palabras facilones que relacionen el bull con la pza. de toros aparte, lo cierto es que dentro del recinto todos éramos parte de un show electrizante, energético y artificial, mezcla de música atronadora, juegos de luces, ruido y poses de salvajismo. Artificial, si, pero qué espectáculo.

Cada vez más caliente, cada vez más más enfebrecido, cada vez más excitante, el "Red bull cross figther" es como se llama al campeonato europeo de freestyle, disciplina motociclista que consiste en saltar desde una rampa para hacer la mayor cantidad de volatines en el aire antes de caer, o posarse, suavemente en tierra. Volar, pero no como planean las rapaces en la naturaleza. Volar con filigranas como las golondrinas, urbanitas ellas, artificiales ellas.
La competición se estructura en tres mangas. En la primera saltan los doce participantes y quedan eliminados seis de ellos, según la puntuación que les asigne el jurado. La mitad de los restantes se purga en la siguiente ronda, y así se llega a la final, que se disputa entre tres. Poco más de un minuto para la primera ronda, dos minutos para la segunda y dos y medio para la tercera y definitiva. En total veintiuna actuaciones con al menos seis saltos cada una. Un montón de emociones. Todo perfectamente dosificado.
Antes del inicio apareció Carlos Sainz marcándose derrapes por toda la plaza a bordo de un Wolkswagen Tuareg, dando la vuelta al ruedo como un matador enloquecido. Había que calentar las palmas de las manos, esa noche iba a ser de mucho aplauso.
Luego los motoristas en comandita. Simulando ser toros en San Fermín, acosando a ficticios corredores de un encierro fingido. Simulaciones, fingimientos, ficción...nada de eso se dice en contra de lo que vi, sino a su favor. Todo es una actuación, una obra de teatro; una trampa que funciona. Funciona porque te atrapa.
Cuando comienza el show y sale el primer participante piensas que te vas a aburrir, que este que ha salido el primero ya ha hecho todo lo que se puede hacer en un vuelo de 25 metros, que de ahí en adelante todo serán repeticiones mejor o peor ejecutadas. Falso. Absoluta equivocación.

Es increíble el repertorio de cosas que se pueden hacer mientras se vuela, increíble que a alguna cabeza se le ocurra que es posible evolucionar de tantas formas mientras se es criatura del aire. Vuelos, ya digo, que duran cinco segundos en el vacío y toda la noche en la retina.
Existen backflips, picapiedras, nine o´clocks, 360´s, con una mano, sin manos, con los pies fuera, sentado, de pie…y el repertorio no se acaba, y cada vez es más difícil y más apurado en tiempo y distancia, y más espectacular.
Todo artificial. Todo un puro artificio, como la comida basura que no alimenta el espíritu pero si los sentidos; que se disfruta tanto en pequeñas dosis como estraga en grandes cantidades, que tanto me gusta.

El evento era retransmitido por Eurosport, y también se podía ver por internet, internacional sarao, por eso no se entiende bien que para entretener el paso de la segunda ronda a la definitiva se presentara a Manolo Escobar, quien desgranó en playback lo más florido de su repertorio, “poromponpon” y “mi carro” incluidos. Como broma estaba bien, pero terminó por resultar ridículo.

Y el vencedor fue Nate Adams, porque quedó primero en las votaciones, pero no importa mucho. El vencedor fue el espectáculo, fue la fantasía, y la manía –tan humana- de dar otra vuelta de tuerca a cualquier dificultad, de buscar más allá de un salto, de gritar un insolente “¿Por qué no?” a la ley de la gravedad para lograr el instante suspendido en el tiempo que deje a quien lo vea atónito, fuera del mundo y sus normas.

La cosa iba de motos, de motos voladoras, ya dije. No pude rastrear ninguna huella del “espíritu motero”, no se si eran moteros los que asistieron al evento, tampoco se si lo son quienes bajan a jerez. A mi, que me gustan las motos, lo de ayer me gustó. Mucho.

Red bull cross figthers.
21-07-05 pza. De toros de Las Ventas, Madrid.

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