Madrid 2012, o el fin de las olimpiadas.
Vaya por Dios. Resulta que nos creíamos que la cosa olímpica iba de saltos, lanzamientos, sudores, triunfos y derrotas. El célebre citius, altius, fortis. Pues no.
Estábamos equivocados, si alguna vez fue lo antes citado, en estos días es algo tan efímero que casi ni interesa. Cantidad despreciable, que dicen en estadística.
Y es que ahora la cosa es política, de contactos, urbanística, de comisiones y obras, de aprovechamiento económico de la cuestión, del turismo que atraerá el evento, del escaparate que supone para una ciudad, para un país.
A mi esto de que las olimpiadas sean más un evento urbanístico que deportivo es que me choca, y lo de asistir como parte del interés mediático a la elección de la sede de los juegos olímpicos del año 2012 me descubre un mundo desconocido, eternamente soslayado por quienes nos cuentan las cosas. Feo, eso si, pero interesante.
Porque se acabó el romanticismo del atleta ilusionado preparándose durante cuatro años para batir una marca en el evento olímpico. Se acabó la emoción cronómetro en mano o marcador en ristre. Lo importante es participar, nos decían. Ahora veo que es cierto, pero nunca imaginé que se refiriera a esto.
Lo importante es participar, queda claro. Importa una higa lo que haga el atleta. Da igual quien queda primero o último, quien se lesiona o quien se dopa. Lo importante, ahora sí que se ve claro, es participar, organizar, llevarse la elección a la ciudad candida...ta, llena de ciudadanos candida...mente engañados por el oropel y el glamour de los cinco aritos cruzados, cuando lo importante, como casi siempre, es el ladrillo y el dineral que arrastra.
Pasta pa tos. Este debería ser el nuevo slogan olímpico. Adios al citius,... adios para siempre. Pasta pa tos, y a ver quien hace una ceremonia más televisiva. Ahí está el éxito ahora. Fuera el barón de cubertain, fuera los parabienes de los dioses del olimpo, fuera el sacrificio o la competición. La victoria no se consigue con pantalones cortos y zapatillas, sino con corbatas y videos promocionales. La verdadera victoria es esta, la nueva victoria es esta.
A un servidor, humildemente, le molesta el cambio de rol. Sobre todo porque se sigue disfrazando de la épica del deporte. El deporte no importa, importa cerrar un negocio como en cualquier junta directiva de cualquier empresa.
Otra cosa más, otra cosa mal. Asistimos como espectadores e integrantes del “Madrid 2012” al truco, a la tramoya del olimpismo, al fin del olimpismo.
Naturalmente no nos lo dirán, pero ya avisó el hidalgo:“quien haya orejas oya”
Estábamos equivocados, si alguna vez fue lo antes citado, en estos días es algo tan efímero que casi ni interesa. Cantidad despreciable, que dicen en estadística.
Y es que ahora la cosa es política, de contactos, urbanística, de comisiones y obras, de aprovechamiento económico de la cuestión, del turismo que atraerá el evento, del escaparate que supone para una ciudad, para un país.
A mi esto de que las olimpiadas sean más un evento urbanístico que deportivo es que me choca, y lo de asistir como parte del interés mediático a la elección de la sede de los juegos olímpicos del año 2012 me descubre un mundo desconocido, eternamente soslayado por quienes nos cuentan las cosas. Feo, eso si, pero interesante.
Porque se acabó el romanticismo del atleta ilusionado preparándose durante cuatro años para batir una marca en el evento olímpico. Se acabó la emoción cronómetro en mano o marcador en ristre. Lo importante es participar, nos decían. Ahora veo que es cierto, pero nunca imaginé que se refiriera a esto.
Lo importante es participar, queda claro. Importa una higa lo que haga el atleta. Da igual quien queda primero o último, quien se lesiona o quien se dopa. Lo importante, ahora sí que se ve claro, es participar, organizar, llevarse la elección a la ciudad candida...ta, llena de ciudadanos candida...mente engañados por el oropel y el glamour de los cinco aritos cruzados, cuando lo importante, como casi siempre, es el ladrillo y el dineral que arrastra.
Pasta pa tos. Este debería ser el nuevo slogan olímpico. Adios al citius,... adios para siempre. Pasta pa tos, y a ver quien hace una ceremonia más televisiva. Ahí está el éxito ahora. Fuera el barón de cubertain, fuera los parabienes de los dioses del olimpo, fuera el sacrificio o la competición. La victoria no se consigue con pantalones cortos y zapatillas, sino con corbatas y videos promocionales. La verdadera victoria es esta, la nueva victoria es esta.
A un servidor, humildemente, le molesta el cambio de rol. Sobre todo porque se sigue disfrazando de la épica del deporte. El deporte no importa, importa cerrar un negocio como en cualquier junta directiva de cualquier empresa.
Otra cosa más, otra cosa mal. Asistimos como espectadores e integrantes del “Madrid 2012” al truco, a la tramoya del olimpismo, al fin del olimpismo.
Naturalmente no nos lo dirán, pero ya avisó el hidalgo:“quien haya orejas oya”

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