Tengo un problema de identidad sexual. No sé si soy gay, hetero, lesbiano o zoofílico. No sé siquiera si soy hemofílico, o hematocrito. Me explico.
Está claro que un gay, u homosexual, es alguien que practica sexo con alguien de su mismo idem, de ahí lo de homosexual; también está claro que alguien heterosexual es alguien que lo practica con otro alguien de sexo contrario.
suponiendo que los sexos sean contrarios y no complementarios, y suponiendo además que solo hay dos sexos; que habría que discutir largo y tendidos acerca de qué factores determinan un sexo. Porque si es por tener las mamas desarrolladas, hay más de una que no se llamaría mujer, ni hembra, ni ná de ná, que es lo que tiene en lugar de tetas; y si lo que define el sexo es tener pene o vagina, hay algunos que no merecerían el apelativo de hombres, a juzgar por el tamaño de su hombría. Vamos, que lo que tienen es más una pena que un pene.
Luego están los hermafroditas, que sí, poseen los dos sexos. Son pocos, pero haberlos hailos.
Y qué decir de los travestis, drag-queens, ángeles o demonios. Los primeros son A en cuerpo de B, los segundos, inclinaciones sexuales aparte, vienen siendo el espíritu de la diversión y el glamour descarado, y los dos últimos…bueno, quizá sean objeto de alguna otra conversación teológica que aquí no viene al caso. Solo decir que los unos no tienen sexo, que se sepa, y los segundos se dividen en incubos y súcubos, según sean de dar o de recibir. Cosas que pasan.
El caso es que a nadie se la ha ocurrido pensar en nosotros, los que no mojamos. Porque, si un gay no se como un colín, ¿en qué se diferencia de un hetero que no se come un colín? Alguien dirá que un gay no se come un colín, mientras que un hetero no se como una rosca, pero tampoco estamos hablando de panadería.
Así que yo ya no sé si soy gay o no. Me gustan las mujeres, pero no las cato, como no cato hombre alguno. Cierto que no siento atracción por ninguno de nosotros los peludos, o por mejor decir, por nadie peludo, sea este peludo hombre, mujer, animal, vegetal o cosa.
Por tanto, daría igual llamarme homo o hetero. Lo que realmente soy es pelófobo, o capilófobo si nos ponemos técnico/cultistas. Pero tampoco lo soy mucho, pues si ahora una bella dona se me pusiera a tiro, tiraría, aunque fuera más feraz que el mismo amazonas.
Y en este estado de cosas están mis cosas. Mi identidad sexual se define por la indefinición, fruto de la sequía pertinaz que asola mis campos y mi agenda. Ya no soy ni pelófobo.
Alguien podría intentar ayudarme a la tan difícil definición con una pregunta: ¿qué es lo que te gustaría más, enrollarte con un hombre o con una mujer?.
Y en una primera respuesta, diría sin dudar “una mujer”. Así que estaría claro. Soy hetero. Pero revisando la respuesta, y entendiendo como enrollarse no solo practicar sexo, sino todo lo que conlleva, en cantidad de ternura y buena disposición, no sé si preferiría macho o hembra. Yo lo que quiero es tenerlo, y los adminículos físicos que se miden en centímetros no se me importan una higa.
Y entonces, vuelta a empezar. Si aparece un mancebo, peludo o no, que me acompañe en el sentimiento, vale. Si es una mujer, pues mejor; si es un animal, vegetal o cosa, pues tampoco importa, aunque, claro está tenga preferencia por la fémina, y si está buena, pues mejor.
Y releyendo esto veo la razón de ser tan asexual, que no asexuado. Es sin duda exceso de onanismo, usease la cosa de las pajillas, como por ejemplo esta que lo es, si bien mental.
Así que soy onanistasexual, onanistamental y onanistasocial. ¿y qué? Peor para el lector que no saca provecho de estas redundancias, seguramente porque no lo hay ni la hay. Sabrán disculpar entonces, pues esta diatriba, que lo es, no deja de ser broma basada en hechos irreales. He dicho.
Extraño humor...